Dentro de un par de años, si todo va bien, se pondrá en funcionamiento en Tineo (Asturias) la primera planta de la región que produciría energía eléctrica para vender a la red utilizando como materia prima los residuos procedentes de la matanza y la transformación de la carne en embutidos o productos similares. La idea ha surgido de un grupo formado por 16 industriales cárnicos de la zona.
Actualmente, el proyecto se encuentra a la espera de recibir el beneplácito de la Consejería de Medio Ambiente y Desarrollo Rural para avanzar en su tramitación. El objetivo de los promotores de la construcción de esta planta de transformación de desperdicios de carne en kilovatios es que esté finalizada y funcionando en el año 2010.
El futuro emplazamiento será el polígono de La Curiscada, en Tineo, donde se está concentrando del desarrollo industrial del concejo tinetense y que ya es uno de los principales núcleos empresariales del suroccidente asturiano. Para la implantación de esta instalación de transformación de residuos los industriales cuentan con una parcela disponible que ronda los 5.000 metros cuadrados.
El presupuesto de construcción de la planta es de casi 4 millones de euros, dinero que será desembolsado por los propios industriales, aunque esperan ayudarse con cofinanciación de los Fondos Europeos y de la Administración del Principado, dado el carácter innovador de su proyecto.
El objetivo de la planta, según precisa José Severino Monte, presidente de la Asociación de Industrias Cárnicas de Asturias, es reducir los elevados costes que en la actualidad supone para estas empresas la gestión de los residuos cárnicos. Tanto los desechos de bajo riesgo -como las grasas animale, que reciben nuevos usos en la industria alimenticia o en la cosmética- como aquéllos calificados de alto riesgo, cuyo destino final es la incineración, suponen para las empresas cárnicas una carga notable que se deja notar en sus costes de producción. El precio por la gestión de cada kilo de residuos calificados como peligrosos ronda los treinta céntimos de euro. El objetivo final es que el coste derivado de los residuos se reduzca a una cantidad en torno a los 4 céntimos de euro por kilogramo.
La planta tendrá una capacidad para reciclar en torno a 3 millones de toneladas de desechos anuales, que será aproximadamente el 50 por ciento de los desperdicios generados al año por el sector cárnico asturiano.
Los industriales reducirán los costes mediante la obtención de beneficios derivados de la transformación esos residuos, pues la planta, por una parte, producirá fertilizante biológico líquido, y por otra, generará biogás, cuya combustión servirá para la producción de energía eléctrica para el autoconsumo de la planta y, además, para la venta a la red de los kilovatios producidos.
