Para muchos, las prisas han acabado reduciendo la comida de final del día a una especie de tentempié con el que salir del paso. Un poco de embutido y un yogur no es precisamente lo que los expertos consideran una cena dietéticamente equilibrada.
Ojo con lo que se pone en la bandeja para hacer a toda prisa la última comida del día, advierten. El recurso reiterado de los embutidos y los quesos a la hora de cenar contribuye a que en España la dieta mediterránea esté perdiendo terreno de forma evidente. Por ello, los especialistas en nutrición María Teresa García y Gregorio Varela coinciden en reivindicar una vuelta a la cena tradicional, con primer y segundo plato o con plato único, que acabe con una pieza de fruta.
"Por ejemplo, el jamón york, al igual que otros embutidos, no contiene proteína de calidad, presenta almidón, grasas enmascaradas, sal, nitritos y aditivos para que sepa a carne", señala María Teresa García, directora del diploma de especialización en Alimentación y Nutrición Aplicada. Se abusa de los productos envasados y los platos preparados, en detrimento de los vegetales frescos y su imprescindible aporte de antioxidantes y fibra. Además, a la hora del postre, el fuerte empuje de los productos lácteos ha robado el necesario protagonismo a la fruta.
Si las familias acaban el día comiendo de cualquier manera,aseguran los especialistas, resulta imposible cumplir con una dieta equilibrada, fundamentada en el consumo diario de ensalada o verduras cocinadas, de pescado y en la ingestión dos o tres veces a la semana de legumbres.
García señala además que este descuido en las cenas de bandeja es sobre todo peligroso para los más pequeños y las personas mayores, precisamente aquellos sectores de la población que deben tener una dieta más afinada, porque muchos de ellos comen al mediodía de menú escolar y en centros de día. También son muy desaconsejables durante determinados periodos de la vida como el crecimiento, el embarazo o la lactancia.
Engullidos por la cotidianidad, muchas de las comidas preparadas en casa evidencian una pérdida de variedad en cuanto a los productos y las técnicas culinarias utilizadas. "Hay que echarle un poco de imaginación", reclama Gregorio Varela, catedrático de Nutrición, Bromatología y Técnica de los Alimentos y presidente de la Fundación Española de la Nutrición. En su opinión, preparar la cena con un plato único requiere una planificación mínima, sin que suponga más esfuerzo ni más tiempo que un tentempié "informal". Ah, y no tiene que notarse en la cartera.
"Usemos más el horno y evitemos los fritos. Por qué no preparar unas patatas asadas con piel y servirlas acompañando unas sardinas. Por qué no hervir unas verduras - pueden ser congeladas- y aliñarlas con un poco de aceite de oliva, o hacer una ensalada como plato único añadiéndole unas legumbres envasadas", sugiere María Teresa García. "Tenemos que basar nuestra dieta en alimentos frescos, naturales, poco procesados, huyendo de otros preparados de bajo valor nutricional y con aditivos".
Elogiados durante décadas, los hábitos alimentarios de los españoles - encarnados en la famosa dieta mediterránea- se están modificando con rapidez, tal y como se demostró en un encuentro organizado por la Fundación Vida Activa. Fruto de una sociedad de nuevos ricos, la omnipresencia de los vegetales ha cedido paso a un elevado consumo de carnes, dulces, además de la leche y sus derivados. Mientras, se ha reducido a la mitad la ingesta de pan, legumbres y patatas. "A modo de paradoja, comemos alimentos de alta densidad energética, pero de baja densidad nutricional, que generan carencias de micronutrientes como calcio, omega 3 o algunas vitaminas", concluye el catedrático Varela.
